domingo, 27 de noviembre de 2016

Reseña: El hombre mediocre, escrito por José Ingenieros.

La palabra mediocre es una palabra tan contundente y a la vez tan poco usada por las personas de la clase media o baja. Eso es debido a que las personas suelen tener una idea errada de como analizar susodicha palabra, y aun más a quien le es correcto decirla y a que persona decírselo. En los inicios del siglo XX abundaban cantidades de personas que el gran conocido José Ingenieros (quien era de muchas cosas: médico, farmacéutico, psicólogo, sociólogo, filósofo, masón, teófoso, psiquiatra, criminólogo, escritor y docente), designó tanto como "mediocres" como "inferiores", y publicando un libro en 1913 titulado "El hombre mediocre" fue capaz de atacar a aquellas clases sociales, defendiendo al resto de las personas, además de tener un ideal fácil de alcanzar y entender. 



La obra trata sobre la naturaleza del hombre, oponiendo dos tipos de personalidades: la del hombre mediocre y la del idealista, analizando las características morales de cada uno, y las formas y papeles que estos tipos de hombres han adoptado en la historia, la sociedad y la cultura.

José Ingenieros dice que "no hay hombres iguales" y los divide en 3 tipos: Mediocre, Inferior y Superior o "Idealista". 
El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos. Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealista por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí.
El hombre inferior es un animal bellaco. Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas tan comunes que los demás, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los rodean para formarse una personalidad social adaptada.
El idealista es un hombre capaz de usar su imaginación para concebir ideales legitimados sólo por la experiencia y se propone seguir quimeras, ideales de perfección muy altos, en los cuales pone su fe, para cambiar el pasado en favor del porvenir; por eso está en continuo proceso de transformación, que se ajusta a las variaciones de la realidad. El idealista contribuye con sus ideales a la evolución social, por ser original y único; se perfila como un ser individualista que no se somete a dogmas morales ni sociales; consiguientemente, los mediocres se le oponen. El idealista es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Como un ser afín a lo cualitativo, puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre.



El libro en sí es bastante bien hecho, y a pesar de ser de hace 103 a 104 años de antigüedad, las palabras y las cosas a las cuales se refiere siguen conservando aquella actualidad con la que fue publicado en aquellos días. Ingenieros, influenciado por grandes como Nietzsche, imitó su carencia de miedo a la crítica indisciplinada, criticando y exponiendo a los hombres, analizando lo que no ha sido dicho y criticando lo que no ha sido hecho. Sin dudas la influencia del libro fue y sigue siendo tan fuerte que es destacada su influencia en la juventud argentina de inicios del siglo XX, quienes, influenciados por el libro, iniciaron las Reformas Universitarias argentinas de 1918 liderados por Deodoro Roca. También influenciaron a José Ortega a escribir 20 años después su libro "La rebelión de las masas". 

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