miércoles, 9 de noviembre de 2016

Reseña: Ética a Nicómaco o ética nicomáquea, escrito por Aristóteles.

Ciertamente yo mismo he llegado a considerarme una persona muy filosófica en estos temas, a pesar de que mis objetivos en la vida son estudiar teología y psicología. Eso se debe a que prácticamente la psicología tuvo sus orígenes en las filosofías analíticas y en la neurología, antes de desprenderse completamente como una nueva ciencia. Si bien muchos filósofos han inspirado la moral moderna, no hubo más influyentes que Sócrates, Platón y Aristóteles. De ellos 3, yo admito más a Aristóteles por el hecho de haber sido mucho más que solamente un filósofo, sino un polímata. Una de sus mejores obras ha sido Ética a Nicómaco o conocida también como Ética nicomáquea. 

En esta obra (muy posiblemente dedicada como una tesis filosófica para su hijo, Nicómaco), Aristóteles sostiene que la virtud lleva a la felicidad y esa es la base de la ética. A diferencia de Platón y Sócrates, Aristóteles enseña que la virtud no viene directamente del conocimiento, sino que requiere el hábito, que la felicidad no es un estado sino una actividad, y que el placer no es la felicidad sino una consecuencia de la virtud. Hay que destacar especialmente que el hombre tiene un fin en sí que proviene de su propia naturaleza racional, y que no es absorbido por los fines del Estado, sino que al contrario «individuo» y «estado», respecto de sus fines, coinciden. Aquí está la clave de lectura de la ética de Aristóteles: la finalidad del acto humano. Todo acto tiene un fin, que es la felicidad, pero se puede buscar este fin en diversas cosas. Aristóteles muestra que el fin ha de ser específico del hombre, y esto es la contemplación, a la cual ayuda la virtud necesariamente, pues la virtud busca el medio que le da la recta razón del individuo. La contemplación es el acto más autoeficiente y estable y para la plena felicidad requiere también el placer. Un aspecto que entra en juego y que no se resuelve del todo directamente en el capítulo 7 del libro X es la inmortalidad, a la que Aristóteles alude varias veces en otras partes también. Aristóteles empieza su obra definiendo lo esencial de la ética: el bien. Con su habitual método inductivo, hace acopio de las opiniones hasta entonces dichas, que lo relacionan con la felicidad, pues tal cosa es "lo que todos buscan". En un paralelismo con las artes y los conocimientos prácticos, Aristóteles dirá que el bien para el hombre, la felicidad, consiste en el ejercicio de su función como hombre. Así, basándose en las tres disposiciones del alma aristotélica, establece que dicha función tendrá que estar relacionada con el alma racional, en tanto que es la que caracteriza al hombre. Para ello introducirá el concepto de virtud, que será identificado con la costumbre del buen obrar. El estagirita establece que las virtudes han de ser de dos clases: las virtudes llamadas éticas, morales o de carácter; especialmente la justicia, que vienen del alma desiderativa en tanto que esta obedece a la razón; y las virtudes denominadas dianoéticas, intelectuales o racionales, que son las que permiten alcanzar la felicidad y vienen del alma racional misma. Después muestra cómo el placer tiene que ver también con la felicidad, y por lo mismo con la ética. Como el hombre es social, necesita amigos para alcanzar la felicidad completa. Esto le lleva a una descripción final de la felicidad que será la que se alcance por una actividad acorde con la virtud más excelsa.


Bajo opinión personal, este libro, o mejor dicho, esta tesis filosófica, es una de las más increíbles y mejor conservadas desde su creación. Las reflexiones hechas por Aristóteles sin dudas superaron a las de sus maestros Sócrates y Platón, quienes son mucho más recordados que Aristóteles. Cabe añadir que la complejidad y poca sencillez de la obra se debe a que la obra, al igual que todas las obras del pensador griego, se deben a que todas las obras recuperadas fueron tesis y clases de su academias y liceos, mientras que, paradójicamente, las obras publicadas para el dominio público fueron todas eliminadas por el tiempo. Las obras de Aristóteles y sus maestros llegaron a influir incluso al Catolicismo, quienes en la edad media (Especialmente Santo Tomás de Aquino) mezclaron muchas ideas del pensamiento griego con las enseñanzas de Cristo y otros teólogos cristianos y musulmanes.

No puedo hacer una crítica de puntuación porque no es un libro de ficción, sino de filosofía. 

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