lunes, 28 de noviembre de 2016

Reseña: Ecce Homo: Como se llega a ser lo que es, escrito por Friedrich Nietzsche.

Imagina ser un filósofo que sabe que no vivirá para ver su legado, aun cuando su legado sea grande. Imagina que tantos libros que tienes, 3 de ellos se publicarán y tú no estarás ahí para saber qué pensará la gente de ellos y como defenderte de quienes intenten refutarte. Eso fue lo que Friedrich Nietzsche notó en 1888, cuando se dio cuenta que sufriría de un colapso mental y el resto de su vida, nunca volvería a ser el mismo. Tenía varias obras sin publicar para entonces: El Anticristo y La Voluntad del Poder. Existía una alta cantidad de personas, incluso los que se hacía llamar seguidores suyos, que malinterpretaban y tergiversaban sus enseñanzas sobre "el eterno retorno", "Las 3 transformaciones" y "la muerte de Dios" a su debido antojo, y aunque Nietzsche se sentía algo alagado por ello, ofendía que su mensaje fuera malinterpretado. Por ello, decidió escribir un pequeño resumen de sus obras en un libro de menos de 100 hojas, donde él intentó resumir lo mejor posible todas las obras que había escrito hasta entonces, sumándole algunas conclusiones nuevas y dejando una pregunta que tanto filósofos como psicólogos han eternizado: "¿Cristo o Dionisio?". Nietzsche compuso "Ecce homo" en 1888, pero desgraciadamente para él no fue publicado sino hasta 1908 (y tengamos en cuenta que Nietzsche se volvió loco en 1889 y en 1900 murió). El libro fue bastante aceptado por sus seguidores e incluso por los psicólogos, entre ellos Sigmund Freud, quien consideró que la prosa y las opiniones de Nietzsche eran vitales para el futuro de la psicología moderna (Freud y sus seguidores llamaron a Nietzsche "el primer gran psicólogo" aunque él era filósofo y poeta). El libro también está considerado como uno de los más desesperados relatos autobiográficos de la historia.



En él, Nietzsche, casi al borde de la crisis que le llevará a ser internado en un hospital psiquiátrico, pretende realizar un último intento por dar a conocer su filosofía, presentándose a sí mismo como autor de las obras que, según él, cambiarían la historia del pensamiento y quizá el curso de la Historia misma. El filósofo alemán se descubre a sí mismo como portador y emblema del valor dicotómico que distingue su filosofía: describe y relee toda su vida bajo la feliz óptica de lo dionisíaco. En este sentido, terminará su autobiografía con una pregunta: "¿Cristo o Dionisio?", identificando al Cristianismo con la negación extrema de los valores vitales postulados por él en su concepción del Übermensch (superhombre o suprahombre).
Nietzsche en una parte de la obra, se declara mensajero del Apocalipsis, que define como una guerra espiritual entre la mentira milenaria, cristianismo, y la verdad eterna, la voluntad de poder o simplemente voluntad, y que según Nietzsche, influido por Schopenhauer, es el grado de espíritu más alto. Afirma que llegada esa hora primero sucederían guerras como nunca antes vistas en la tierra y terremotos y espasmos que destruirían todas las instituciones de poder que para él es la burocracia cristiana.



Bajo el punto de vista más neutral posible (por ser yo Mormón deísta y relativista, mientras que Nietzsche era ateo escéptico), la publicación y recepción del libro era completamente innecesaria, y esto se puede explicar por varios motivos. En primera, los mensajes dejados por Nietzsche en sus libros (como en "Así habló Zaratustra" y "Como se filosofa a martillazos") son considerablemente simples y entendibles, por lo tanto resulta improbable de que incluso sus seguidores menos inteligentes hubiesen sido capaces de confundirse con sus mensajes. En segunda, Nietzsche sufría en 1888 ya de altos daños mentales y problemas emocionales, y si bien no perdió el juicio hasta el año siguiente, muchos analistas (como el psicólogo profundo Carl Jung en su obra "Sobre el Zaratustra de Nietzsche" publicada en 1934) dejaron a entender que incluso antes de sufrir demencia, el juicio de Nietzsche no era lo suficientemente claro como para poder hacer juicios críticos y prácticos. Aun así, he decir que el libro es como un "Nietzsche para principiantes" debido a que en un libro delgadísimo resume las obras de toda la complejidad de su bibliografía. Por tanto (y aunque suene paradójico porque fue el último libro publicado de él) debería ser el primer libro que uno debería leer de Nietzsche, si es que se le quiere entender y seguir. 



Bonus: Dejaré un pequeño fragmento del libro para que vea la forma contradictoria de Nietzsche, quien si bien se considera alegre, se denota amargura en su escrito: 


Yo contradigo como jamás se ha contradicho y soy, a pesar de ello, la antítesis de un espíritu que dice no. Yo soy un alegre mensajero como no ha habido ningún otro, conozco tareas tan elevadas que hasta ahora faltaba el concepto para comprenderlas; sólo a partir de mí existen de nuevo esperanzas. A pesar de todo esto, yo soy también, necesariamente, el hombre de la fatalidad. Pues cuando la verdad entable lucha con la mentira de milenios tendremos conmociones, un espasmo de terremotos, un desplazamiento de montañas y valles como nunca se había soñado. El concepto de política queda entonces totalmente absorbido en una guerra de los espíritus, todas las formaciones de poder de la vieja sociedad saltan por el aire; todas ellas se basan en la mentira: habrá guerras como jamás las ha habido en la Tierra. Sólo a partir de mí existe en la Tierra la gran política. ¿Se quiere una fórmula de un destino como ése, que se hace hombre? Se encuentra en mi Zaratustra.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Reseña: El hombre mediocre, escrito por José Ingenieros.

La palabra mediocre es una palabra tan contundente y a la vez tan poco usada por las personas de la clase media o baja. Eso es debido a que las personas suelen tener una idea errada de como analizar susodicha palabra, y aun más a quien le es correcto decirla y a que persona decírselo. En los inicios del siglo XX abundaban cantidades de personas que el gran conocido José Ingenieros (quien era de muchas cosas: médico, farmacéutico, psicólogo, sociólogo, filósofo, masón, teófoso, psiquiatra, criminólogo, escritor y docente), designó tanto como "mediocres" como "inferiores", y publicando un libro en 1913 titulado "El hombre mediocre" fue capaz de atacar a aquellas clases sociales, defendiendo al resto de las personas, además de tener un ideal fácil de alcanzar y entender. 



La obra trata sobre la naturaleza del hombre, oponiendo dos tipos de personalidades: la del hombre mediocre y la del idealista, analizando las características morales de cada uno, y las formas y papeles que estos tipos de hombres han adoptado en la historia, la sociedad y la cultura.

José Ingenieros dice que "no hay hombres iguales" y los divide en 3 tipos: Mediocre, Inferior y Superior o "Idealista". 
El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos. Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealista por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí.
El hombre inferior es un animal bellaco. Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas tan comunes que los demás, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los rodean para formarse una personalidad social adaptada.
El idealista es un hombre capaz de usar su imaginación para concebir ideales legitimados sólo por la experiencia y se propone seguir quimeras, ideales de perfección muy altos, en los cuales pone su fe, para cambiar el pasado en favor del porvenir; por eso está en continuo proceso de transformación, que se ajusta a las variaciones de la realidad. El idealista contribuye con sus ideales a la evolución social, por ser original y único; se perfila como un ser individualista que no se somete a dogmas morales ni sociales; consiguientemente, los mediocres se le oponen. El idealista es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Como un ser afín a lo cualitativo, puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre.



El libro en sí es bastante bien hecho, y a pesar de ser de hace 103 a 104 años de antigüedad, las palabras y las cosas a las cuales se refiere siguen conservando aquella actualidad con la que fue publicado en aquellos días. Ingenieros, influenciado por grandes como Nietzsche, imitó su carencia de miedo a la crítica indisciplinada, criticando y exponiendo a los hombres, analizando lo que no ha sido dicho y criticando lo que no ha sido hecho. Sin dudas la influencia del libro fue y sigue siendo tan fuerte que es destacada su influencia en la juventud argentina de inicios del siglo XX, quienes, influenciados por el libro, iniciaron las Reformas Universitarias argentinas de 1918 liderados por Deodoro Roca. También influenciaron a José Ortega a escribir 20 años después su libro "La rebelión de las masas". 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Reseña: Ética a Nicómaco o ética nicomáquea, escrito por Aristóteles.

Ciertamente yo mismo he llegado a considerarme una persona muy filosófica en estos temas, a pesar de que mis objetivos en la vida son estudiar teología y psicología. Eso se debe a que prácticamente la psicología tuvo sus orígenes en las filosofías analíticas y en la neurología, antes de desprenderse completamente como una nueva ciencia. Si bien muchos filósofos han inspirado la moral moderna, no hubo más influyentes que Sócrates, Platón y Aristóteles. De ellos 3, yo admito más a Aristóteles por el hecho de haber sido mucho más que solamente un filósofo, sino un polímata. Una de sus mejores obras ha sido Ética a Nicómaco o conocida también como Ética nicomáquea. 

En esta obra (muy posiblemente dedicada como una tesis filosófica para su hijo, Nicómaco), Aristóteles sostiene que la virtud lleva a la felicidad y esa es la base de la ética. A diferencia de Platón y Sócrates, Aristóteles enseña que la virtud no viene directamente del conocimiento, sino que requiere el hábito, que la felicidad no es un estado sino una actividad, y que el placer no es la felicidad sino una consecuencia de la virtud. Hay que destacar especialmente que el hombre tiene un fin en sí que proviene de su propia naturaleza racional, y que no es absorbido por los fines del Estado, sino que al contrario «individuo» y «estado», respecto de sus fines, coinciden. Aquí está la clave de lectura de la ética de Aristóteles: la finalidad del acto humano. Todo acto tiene un fin, que es la felicidad, pero se puede buscar este fin en diversas cosas. Aristóteles muestra que el fin ha de ser específico del hombre, y esto es la contemplación, a la cual ayuda la virtud necesariamente, pues la virtud busca el medio que le da la recta razón del individuo. La contemplación es el acto más autoeficiente y estable y para la plena felicidad requiere también el placer. Un aspecto que entra en juego y que no se resuelve del todo directamente en el capítulo 7 del libro X es la inmortalidad, a la que Aristóteles alude varias veces en otras partes también. Aristóteles empieza su obra definiendo lo esencial de la ética: el bien. Con su habitual método inductivo, hace acopio de las opiniones hasta entonces dichas, que lo relacionan con la felicidad, pues tal cosa es "lo que todos buscan". En un paralelismo con las artes y los conocimientos prácticos, Aristóteles dirá que el bien para el hombre, la felicidad, consiste en el ejercicio de su función como hombre. Así, basándose en las tres disposiciones del alma aristotélica, establece que dicha función tendrá que estar relacionada con el alma racional, en tanto que es la que caracteriza al hombre. Para ello introducirá el concepto de virtud, que será identificado con la costumbre del buen obrar. El estagirita establece que las virtudes han de ser de dos clases: las virtudes llamadas éticas, morales o de carácter; especialmente la justicia, que vienen del alma desiderativa en tanto que esta obedece a la razón; y las virtudes denominadas dianoéticas, intelectuales o racionales, que son las que permiten alcanzar la felicidad y vienen del alma racional misma. Después muestra cómo el placer tiene que ver también con la felicidad, y por lo mismo con la ética. Como el hombre es social, necesita amigos para alcanzar la felicidad completa. Esto le lleva a una descripción final de la felicidad que será la que se alcance por una actividad acorde con la virtud más excelsa.


Bajo opinión personal, este libro, o mejor dicho, esta tesis filosófica, es una de las más increíbles y mejor conservadas desde su creación. Las reflexiones hechas por Aristóteles sin dudas superaron a las de sus maestros Sócrates y Platón, quienes son mucho más recordados que Aristóteles. Cabe añadir que la complejidad y poca sencillez de la obra se debe a que la obra, al igual que todas las obras del pensador griego, se deben a que todas las obras recuperadas fueron tesis y clases de su academias y liceos, mientras que, paradójicamente, las obras publicadas para el dominio público fueron todas eliminadas por el tiempo. Las obras de Aristóteles y sus maestros llegaron a influir incluso al Catolicismo, quienes en la edad media (Especialmente Santo Tomás de Aquino) mezclaron muchas ideas del pensamiento griego con las enseñanzas de Cristo y otros teólogos cristianos y musulmanes.

No puedo hacer una crítica de puntuación porque no es un libro de ficción, sino de filosofía.